miércoles, septiembre 21, 2005

I secretly dress like that at night.

La molestia es directamente proporcional al deseo, e indirectamente proporcional a la valentía.
La temperatura es directamente proporcional a los cortocircuitos multiplicados por la cantidad de feromonas percibidas.


La inseguridad es directamente proporcional a la incertidumbre dividida por el amor propio.
La severidad del super yo es directamente proporcional al nivel de represión del instinto de agresividad.
Los errores son directamente proporcionales al nivel de cuidado.
Lo cagado es indirectamente proporcional a lo no comido.

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sábado, agosto 27, 2005

I like cookies

Hace unos días fui a una exposición en la que se atacó fuertmente la moral católica. Las personas asistentes a ésta que compartían dichos valores, se sentieron personalmente tocados por la crítica, impidiendo llegar a un análisis más profundo, menos visible y obvio, de las cuestiones tratadas.
En mi corta experiencia en contacto con personas que comparten aquella definición valórica, me incomoda que no haya un análisis más serio de lo que se dice. Yo entiendo que la fe está en el sustento de ese sistema, pero no creo que ésta deba permear todo lo que derive del mismo. Si dicha fe conlleva consecuencias reales en la interacción social, se debe buscar, a su vez, un fundamento posible de comprender por personas que no la comparten. Y no simplemente justificarse en el dogma.
Y es ese ejercicio reflexivo el ausente. Se han acostumbrado a que con un mínimo esfuerzo, tienen un nivel de adhesión significativo que les ha permitido permear toda la regulación social.
De hecho, fue tragicómico cuando una de las personas del público, hizo una pregunta muy precisa respecto a un concepto que había utilizado uno de ellos, y éste al respoder le señaló algo así como que no lo recordaba pero se comprometía a hacerlo llegar.
Por favor.
Estamos hablando de un concepto que era básico en su argumentación, ¿y ni siquiera tenía la posibilidad de definirlo? Una persona que supuestamente sabe de lo que está hablando y no simplemente da una opinión.

Entonces la instancias en que temas valóricos se discutan, es lo que se necesita. Para hacer al sistema reflexionar, movilizarlo. En ese intento, está el cambio en potencia.

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jueves, agosto 18, 2005

Arr.

Estoy muy cansada.
Justamente hoy todos llamaron para desahogarse por teléfono, y claro, con lo mala oreja que soy, no puedo quedarme callada o murmurar un "mmhmm", sino que vamos preguntado, y señora dígame tal cosa, vaya y pida esto y lo otro. Y en realidad a veces agota. Lo peor es cuando aparecen personas que te exigen como si estuvieran en el mejor estudio privado con la experta en lo que sea que están preguntando. Menos mal no me ha pasado, pero es una lata, porque uno hace lo mejor para la gente, y ellos responden de esa forma.
Ayer tuve que hablarle fuerte y molesta a un viejo por teléfono que nos dejó esperando a su señora y a mí como por una hora y media, y si yo no lo llamo, seguimos.
Cuando le colgué mis compañeras me dijeron, "guau, que erí' brígida".
Y yo me pregunté porqué es ser brígida mostrarle a alguien tu molestia porque no cumplieron con lo único que tenía que hacer, cuando uno si lo ha hecho.
Es que hay algo que yo no comprendo:
Parece que en el mundo actual ya nadie le da valor a la palabra. A expresar un mensaje dirigido a un receptor que sólo puede tener contacto contigo a través del mismo y que por tanto recordará dicho segmento de información hasta que llegue otro, y de esta forma tomará esa variable en cuenta para actuar, lo que conlleva consecuencias y así. O sea, importa. La palabra trasciende y no nos hacemos responsables.
Entonces ahí me pierdo y como que al parecer me muevo en un código diferente.

Art. 373 CP, DIE, DIE, DIE

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